Don´t look back in anger

Por Santiago Gobernori

#Diarios

Los amigos de La Llave Universal me invitaron a hacer un repaso por los armados de algunas de las obras que dirigí. Recordando procedimientos, contextos, intensiones, caprichos y materiales utilizados. No es poca cosa poner el foco sobre cada trabajo que uno hizo y recordar aciertos, errores, posturas que contrastan con las actuales y sensaciones que parecían perdidas. En un ambiente donde el ego impera, es bueno detenerse sobre lo transitado, bajar la guardia y autocríticarse.


Golpe real 

La primera obra. Un banco de prueba donde depositar el entusiasmo que me   generaban tanto las clases de actuación y dramaturgia como la gran cantidad de   obras que veía de forma frenética los fines de semana. Junto a Paola Moraña, compañera de uno de los primeros cursos de actuación que tomé, estimulados por docentes que nos incitaban a salir al ruedo, le dimos forma de obra a un compendio de anotaciones que acopiábamos al salir de una clase o una función. Éramos muy jóvenes, aplicar la experiencia de alumno y espectador en el armado de un espectáculo fue una forma de aprender, fallar y corregir en el hacer.

Desnudo Ilegal Inglés 

Una continuación de la búsqueda. Empecé a plantearme qué era lo que, en detalle, me interesaba del teatro. Me gustaba reírme, el ritmo, entender el leguaje propio de cada obra, las reglas propias (Cachetazo de campo, El pecado que no se puede nombrar, La modestia, entre otras). Obras particulares sin ser crípticas. Así que comenzamos a ensayar con un grupo de gente que estaba, al igual que yo, en etapa de formación y compartíamos el mismo entusiasmo.  El resultado fue una especie de vodevil donde traté de trabajar con el ritmo, el humor  y la superposición de líneas de relato. En esta proceso confirmo como fundamental la necesidad de fortalecer un grupo, la noción de equipo.

Darío Tiene Momentos de Soledad 

Aparece un elemento que creo esencial en cualquier acto creativo: la incomodidad. Salir del lugar de seguridad. Espabilo un poco de la  ensoñada (ingenua) alegría de confirmar que, mal que mal, yo podía hacer una obra de teatro. Un trabajo grupal desde su génesis. El elenco, además de actuar, tenía recorrido en distintas ramas artísticas (literatura, poesía, arte plástico)  y aportaban material e ideas desde su experiencia. Mi rol estaba puesto en jaque en cada ensayo. Era necesario buscar un punto de comunión. Pude sacar provecho de la energía del otro para incorporar matices en mi propuesta. Confirmar que el teatro no va solo en una dirección, tiene infinitas posibilidades. Trabajamos, entre otros materiales, a partir de Libros de Juan Filioy, de pinturas de Basquiat, Picasso, de libros sobre circo y películas de Fassbinder y Herzog.

Algo Descarriló 

Con un poco más de experiencia surge esta obra en la que sabía exactamente lo que quería hacer. Un mundo lúdico, pavote , un poco falso, sostenido por un acontecimiento grave: El abandono tácito de un hijo. La obra se desarrola en tres decadas, los 80, 90, 00 lo que me permitió jugar con el tono y el contenido en cada una de las escenas. El disparador fue una escena trabajada en un taller de Rafael Spregelburd y me había quedado resonando, también de ese curso, la lectura de Viejos tiempos de Harold Pinter. Me atraía, a diferencia de obras como El montaplatos, por ejemplo, un realismo enrarecido. Un clima sórdido que se produce sin saber exactamente por qué.

Áspero (2008) – Teatro Bravard

Reproches Constantes 

 

En línea con la obra anterior. Lo liviano y lo denso se conjugan en un ámbito cotidiano, familiar. Como desafío me propuse buscar dónde puede romperse la noción de realismo cuando el ámbito en el que acciona es tan reconocido. Buscar el extrañamiento, la particularidad, en situaciones cotidianas.

Deus Ex Machina

En el marco de Proyecto Biodrama, Vivi Tellas me propone en diciembre de 2007 estrenar una obra en marzo de 2008. Tenía muy poco tiempo. Necesitaba hacerlo sí o sí, no tenía plata, había vuelto a vivir a lo de mis abuelos. Yo tenia 27 años y no conocía a mi papá. Me propuse conocerlo y armar algo a partir de ese encuentro. Nos juntamos. El encuentro fue un punto de inflexión en mi vida pero no me género un impulso teatral para trabajar. Decidí entonces trabajar sobre la vida de un amigo de mi abuelo que era inventor. Había creado una máquina única en el mundo para hacer tirafondos (el tornillo que ajusta las vías del tren). Vivían en Brandsen, en el medio del campo. Como le vendían los tirafondos al estado, habían alternado buenas y malas. En su relato, había un recorrido histórico y político de las últimas décadas. Traté de respetar ,sin juzgar, exactamente lo que vi y escuché en las tantas visitas que les hice. Lo puse en escena armando una línea ficcional para poder articular la información brindada. El día del el estreno coincidió con el primer paro del campo contra la ley 125. Como en la obra se nombraban políticos y ellos vivían en un entorno campestre, varios espectadores relacionaban la obra con el contexto del momento o tomaban partido por algunos de los presidentes nombrados.  Mezclado entre los espectadores, pude escuchar frases como: «¿Por qué se la agarran con Alfonsín?»

Áspero, Una Obra Típica

El proceso y estreno de esta obra van de la mano de la apertura del Teatro Bravard en 2008 junto a mis amigos Matías Feldman y Juan Cruz García. Ademas de tener nuestra escuela de actuación el propósito del espacio era trabajar nuestras obras de una manera periférica a lo que se trabajaba en ese momento. Escaparle a la dinámica de gastar una cantidad de dinero en una obra que rara vez se podía recuperar. En Bravard, en sus inicios, se trabajaba con lo que había: unas sillas medio enclenques, algunos tachos de luz, una mesita… Recurrí a algo muy utilizado como elemento en los 90: gente se queda encerrada y va perdiendo la cordura gradualmente. Lo hibridicé con un material que me alejara de mi lugar de comodidad: la lectura de Zizek, tomando, más que nada, los ejemplos que da de la cultura popular pata explicar a Lacan.

 

Todo Hecho y Las Cosas Según Lo Ajeno

Son proyectos de graduación de la Universidad Nacional de las Artes. Los estudiantes que cursan todas las materias de la carrera de actuación deben hacer la residencia que consiste en actuar en una obra escrita y dirigida por una persona convocada por la universidad. Al aceptar, uno también acepta los axiomas que se ponen en juego: vas a trabajar con un grupo de, en su mayoría, jóvenes que no conocés y muchos de ellos no te conocen a vos ni de nombre. Los grupos son de alrededor de veinte personas. Tenés que dirigir a veinte,  escribir una una obra para veinte, que todos tengan más o menos la misma participación y como si fuera poco, te exigen que la obra esté buena porque tienen una especie de competencia implícita con los otros proyectos de graduación. En el caso de Todo Hecho, que fue la primera, no me rasgué las vestiduras frente a la  originalidad y recurrí a un contexto evidente y simple: si es una carrera de actuación y se reciben de actores que la obra se trate de actores ¿qué tanto? Actores ensayando una obra y luego la obra que estuvieron ensayando. Al ser una obra sobre el actor, nos permitió indagar, no solo en sus años de formación sino en el crudo recorrido laboral que te espera al salir de la institución. La cosas según lo ajeno, en cambio, fue más formal. Apelé a recursos más técnicos y convencionales. Recurrí a estructuras de obras clásicas (romeo y julieta, Othelo, Las tragedias Griegas) para la trama general y las subtramas. Dos grupos antagónicos, podían ser cualquier cosa, así que fueron Coca Cola y Pepsi. Un retiro empresarial a una casa de campo donde sobrevuela como un chisme una posible fusión de las mismas. La obra transcurre en los primeros días diciembre de 2001.Tanto la presidenta de Pepsi como el presidente de Coca Cola tienen la misma matriz: un «espíritu delaruesco» los une. Son tranquilos, callados, sonrientes, parece perdidos y dan consejos y directivas cuestionables. Desde ya que se enamoran.

Dios Las quiere Pero no Las puede Ayudar

Una obra introspectiva. Una reflexión sobre la crisis creativa. O mí crisis en particular. Apareció primero lo paradojal a nivel dramatúrgico: un hombre le pide a unas escritoras que escriban un guión para una película con algunas condiciones: no podía haber muertes, ni historias de amor, ni política.  La obra se va convirtiendo gradualmente en lo que el hombre no quiere para su guión. Volví a trabajar con la idea de que los cuerpos en una escena semi vacía son suficiente, prescindiendo de todo marco estético. Algo que me suelen criticar mis colegas pero me sigue resultando interesante.

Pobre Daniel (2019) – Teatro Bravard

Pobre Daniel y La verdad Efímera 

Son dos obras que surgen del trabajo de ensayo. Indagando en dispositivos escénicos que generen y particularicen la actuación. A partir de eso, ir elaborando el contenido. Creo que los elementos técnicos más básicos son los que mantienen vivo, todavía, al teatro. Cuando la convención teatral se impone, cuando acepto el procedimiento trucho como una verdad incuestionable, el teatro se vuelve imprescindible. Una actriz dice que es una vaca, me cuenta cómo está criando a su ternero, y no me lo cuestiono.  Algo del recurso del títere o del teatro infantil me sigue conmoviendo más que el rulo intelectual que suele ganar en algunas obras. Los actores han tenido su paso por los talleres que damos junto a Matías Feldman en Bravard y les propuse trabajar con el mismo nivel de intensidad y juego que solemos proponer en las clases. Generar procedimientos que provoquen algo espontaneo, impredecible. Claro está que esto no es ninguna novedad, pero fuimos fieles a la premisa: No teníamos ni idea de cómo iban a ser las obras pero aceptaríamos el resultado sin maquillarlo ni decorarlo para que sea más aceptado.  


Santiago Gobernori es egresado de la carrera de dramaturgia de la EMAD. Se formo como actor con Rafaél Spregelburd, Mariana Obersztern y  Ricardo Bartis. Además de las obras desarrolladas en este artículo, dirigió Hombre de Ojos Tristes, de Handl Flaus y Jack Se Fue a Remar, de Bob Gaudini. Su obra Enseñanza Maché recibió el segundo premio en el concurso de nueva dramaturgia Germán Rozenmacher. Su obra Las Riendas recibió una mención en el concurso de nueva dramaturgia del Instituto nacional de teatro de 2003. Recibió el premio “S” 2004 por su trabajo como actor y autor. Fue destacado en 2015 por los premios Teatro del Mundo por su actuación en Jarry de Mariana Chaud y Cuando Vuelva a Casa voy a ser Otro, de Mariano Pensotti, y en 2017 por La Madre del Desierto, de Ignacio Bartolone. Fue integrante del grupo de autores La Carnicería Argentina, donde escribió Te Devolví a Todos Los Soldados, obra basada en la muerte del Chacho Peñaloza. Es creador junto a Matías Feldman y Juan Cruz García Gutierrez de Teatro Bravard y el Ciclo de Sketches Solemnes.
Actúo en obras de Matías Feldman, Rafael Spregelburd, Mariana Chaud, Mariana Obersztern, Mariano Pensotti, Gonzalo Martinez , Mariana Obersztern, Patricio Abadi, Ignacio Bartolone y Julian Lucero.