Tengo de enemigo a un crítico de teatro

Por Maruja Bustamante
Fue en el 2009 cuando comenzó su campaña para desprestigiarme, hace casi 10 años. Cuando yo tenía 30 y ser mujer, gorda y sudaca, era algo peor que ahora. En aquel momento no supe qué hacer, o si, respondí como una niña peleándome y haciendo memes (en ese momento no se les decía memes, pero bueno, hice uno) con su cara. Desde entonces me obsesioné especialmente por la crítica teatral y sus representantes. Leí a unas y a otros enojándome, riendo, alegrándome o no entendiendo. No, no entiendo muchas críticas, no entiendo qué quieren decir si es que algune quiere decir algo. Descubrí que abunda en crítica periodística y escasea una crítica académica, por decir de algún modo. La mayoría de las críticas levantan o bajan el dedo. Boca-River. Norte-Sur. Susana-Mirta. Y otras son “tan” académicas que no dialogan con las personas de las cuales hablan, sobreinterpretándolas y excluyéndolas.

Lo polémico

Sabemos entre pasillos y veredas de teatros que si es una obra de tal “no la van a matar”, que “tal no pisa las obras de tal” qué “tal es amigue de tal” y este tipo de frases que se dicen por, ¿envidia? ¿recelo? ¿conocimiento de causa? Pues si, las críticas suelen ser visiblemente tendenciosas, incluso en medios muy prestigiosos. Y cometen siempre los mismos “errores”:

  • Spoilean: rellenan la crítica con una reseña que describe exactamente lo que sucede en la obra. En el peor de los casos cuentan los momentos jugosos sin hacer ninguna reflexión al respecto más que adjetivar pomposamente.
  • Se refieren a la persona y no a su desempeño: se habla de la persona y no de lo que creó. No se reflexiona sobre el objeto obra.
  • Rara vez historizan sobre el mismo autor o misma autora: pocxs criticxs conocen la obra pasada del autor o autora que critican. No hacen enlaces y reflexiones al respecto del pasado y del presente, menos en relación al contexto en que está inscripto ya sea social (año o circunstancia en la que sucede) o institucional (espacio donde está sucediendo la obra).
  • Es predecible respecto a su mirada sobre la actuación: destacando a quienes tienen más trayectoria o reconocimiento mediático. Ignorando los trabajos más pequeños o poniéndose animosos con las interpretaciones. No hay reflexión sobre la actuación, solo calificativos rimbombantes o ninguneos con “altura”.
  • No ilumina sino que describe: ¿a qué movimiento te recuerda? ¿que autorxs estarán en el árbol genealógico de esta obra? Nada.
  • No crea sino que reproduce: ¡se pueden leer varias críticas de la misma obra que usan los mismos adjetivos y similares reflexiones!
  • No abre ventanas, las cierra: pareciera ser que el teatro es bueno o malo, que está bien hecho o mal hecho, que debe ser de tal forma, que debe contener tales ingredientes, que debe ser en tal circuito para ser novedoso, que debe ser politicamente correcto o demasiado incorrecto, que el drama es premiable y la comedia una actividad pasatista, y sigue, sigue el baile.
  • Rara vez contienen alguna reflexión sobre la dramaturgia (sobre todo si la escritora es mujer): (no tengo nada que agregar aquí, o sí)

Y no me refiero solamente a las críticas “malas” sino también a las “buenas”.

Dramaturgia: la hija olvidada

La escritura, el elemento estático del teatro, el piloncito de hojas con palabritas, el pretexto (diría el maestro). El testo. ¿Cuántas veces me pidieron el texto de la obra para hacer una crítica? Pocas. Lo cierto es que debido a la tradición de que el teatro sucede en el momento que está transcurriendo, la dramaturgia queda como un puntapié lejano e incluso molesto. Es la misma idiosincrasia que no considera a la dramaturgia miembra de la literatura. Es la hija y la hermana olvidada. Es huérfana y solitaria. Se la desea y se la ignora. Eso va cambiando, toma caminos, retrocede y vuelve a arrancar.

La escritura dramática es esclava de lo que funciona o no funciona según quien dirija, quien actúe y finalmente quien mire. Nadie dialoga con la dramaturgia. La dramaturgia la pelea sola, muchas veces descuartizada y otras convertida en piedra. Encarnada en cuerpos que no la comprenden. Tirando frases que nadie agarra y las dejan caer. ¿Desinterés? ¿Subestimación? ¿Ignorancia?

¿Cómo saberlo? La dramaturgia de autor/autora no vende. La dramaturgia de autor/autora no es considerada por la mirada “arty”, tampoco.

La dramaturgia, al dialogar con los otros elementos del teatro, debería crecer, profundizar, atravesar, disparar, elevarse, conflictuarse, reaccionar. Superarse dócil. Para ello alguien debería dedicarle una lectura interesada o un poco de atención, al menos.

Un paso mas adelante

Creo que la crítica es un sistema de legitimación espectacular. Es tan falsa como su objeto de estudio. Es un personaje. Y es varón cis.

La crítica es un modo más de difundir un espectáculo (y si, uso la palabra espectáculo). «La escritura dramática es esclava de lo que funciona o no funciona según quien dirija, quien actúe y finalmente quien mire. Nadie dialoga con la dramaturgia.»Tiene lógicas jerárquicas y standariza la mirada. ¿Nos interesa entonces? Nos sirve a veces para que se acerque la gente. Pero, ¿nos ayuda a pensarnos como artistes? ¿nos revela secretos propios que ignorábamos? ¿nos orienta para que expandamos nuestra red conceptual?

¿Pido mucho?

La crítica debe tomar otras formas, horizontales, lúdicas, sensoriales. Abarrotarnos de preguntas, incentivar nuestra curiosidad, alimentar el deseo de búsqueda.

El enemigo público me ha destruido

Aquel enemigo que pensé olvidado, arremetió no hace mucho tiempo. Pero yo ya no tengo 30, tengo 40 y me deprimí pensando que si mi enemigo es ese, yo debo ser realmente una artista mediocre. Una ladri. Una nena tonta. Una protegida. Un blef. Una tarada con mal gusto. Una acomodada. Pero no, soy una valiente y hago lo que quiero.

Hubo personas que me abrieron los ojos con argumentos. A esas personas las leo con placer y entusiasmo. Quiero olvidar entonces a quien me hizo cerrar los puños de bronca. A quien me quiso callar con agravios. A lxs malxs lectorxs.

A los enemigos de papel. Fuego.


Maruja Bustamante  es actriz, performer  y directora. Escribe teatro.  Participó en más de 40 obras en los últimos 20 años alternando los roles. Entre sus obras más destacadas se encuentran: Adela está cazando patos, Mayoría, Paraná PoráTrabajo para Lobos, Dios tenía algo guardado para nosotros y Rabia Roja. Estudió cine en la Universidad del Cine. Se ha formado con maestros como Helena Ttritek, Vivi Tellas, Mariela Scafati, Gabriela Bejerman, Tanika Gupta,  Mauricio Kartun, Ariel Barchilon y Ricardo Bartis. Ha recibido diversas nominaciones por sus trabajos y ha sido galardonada con el premio estimulo María Guerrero y el premio Trinidad Guevara a mejor autor. También fue jurado de decena de certámenes de dramaturgia y teatro. Ha organizado como gestora cultural ciclos de teatro y también de artes multidisciplinarias junto a otros artistas. Desde 2014 se desempeña como asesora en artes escénicas del Centro Cultural Ricardo Rojas mismo año en que apareció su primer antología de teatro reunido Hija Boba y otras obras editado por Blatt&Rios.